Irán es en este momento origen de muchos enigmas. El más obvio e importante es el que se refiere al futuro: ¿Donde irá todo a parar? En el supuesto de que los jerarcas de la revolución islámica tengan claro qué es lo que están dispuestos a hacer para recuperar el pleno control de la situación y desactivar la amenaza al régimen, lo que no es tan seguro es cuáles serán los resultados de sus acciones. Pero la más probable es que estén decididos a emplear toda la violencia que sea necesaria y que finalmente consigan su objetivo, lo que hará al sistema más represivo mientras sectores importantes de la sociedad abandonarán toda ilusión de que el régimen pueda evolucionar hacia algo más abierto y menos agresivo. En todo caso, ni la política ni la sociedad serán las mismas y se acentuará una evolución de una autocracia teocrática a una dictadura militar, porque la base de poder de Ahmadineyad es la Guardia Revolucionaria, un ejército de elite dentro del ejército y cada vez más un Estado dentro del Estado, que controla directamente como propietario un fragmento sustancial de la economía iraní, con las consiguientes ineficiencias que contribuyen al progresivo empobrecimiento del país a pesar de su riqueza petrolífera. A esta privilegiada elite militar hay que añadir, como uno de los puntales del régimen, la milicia de voluntarios Basij, que actúan duramente como partida de la porra contra disidentes y manifestantes. Salen de las capas humildes de la sociedad y se benefician de las dádivas que la revolución prodiga a sus incondicionales. La clave de esa evolución es que el Gran Ayatolá Jamenei, autoridad suprema, responsable ante nadie, apoya a y se apoya en esos elementos tanto como en la facción del clero que acepta esa alianza.
La cuestión no concierne solamente a los iraníes. Irán es y será siempre un país importante en el Oriente Medio, pero lo que universaliza el interés por sus problemas es su programa nuclear. La evolución interna del país concierne a todo el mundo árabo-islámico, cada vez más angustiadamente preocupado por la capacidades que está a punto de adquirir, que son percibidas como cuestión de vida o muerte en Israel y constituyen un problema prioritario de la política americana que confronta a su presidente con una engorrosa disyuntiva: traicionar los principios que proclama quedándose callado, con la esperanza de arrancarle concesiones a un régimen más duro que nunca –que de todas formas ya lo está acusando de ser el incitador de las protestas–, o apoyar un movimiento democrático destinado a la derrota, apoyo que servirá de pretexto a los vencedores para cerrarse en banda a cualquier negociación.


en hora buena! al fin tienes un blog.
ResponderEliminarya lo agregue a favoritos y lo estare siguiendo.
un abrazo hermano.
ps: leere lo k has subido despues, ahora me tengo que ir a acostar.